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87% de uruguayos opinan que la homosexualidad es una enfermedad

El día lunes, en el informativo central de Canal 12, el presidente Mujica concurrió a estudios del canal invitado por el lanzamiento de “la TeleValores”.

Muchas cosas se podrían observar, aun ante la dificultad que implica contradecir aquello que tiene la envoltura del la buena intención y el relleno del sentido común. De todas esas cosas solo una quisiera atender ahora.

El presidente volvió a referirse a su deseo de plebiscitar “algo” que no definió, aunque por sus experiencias urbanas recientes narradas en vivo, sugirió su deseo de poner a “juicio” de la ciudadanía la internación compulsiva. Está claro que el presidente tiene buena intención. También que entiende poco o muy poco del asunto “adicciones”. Esto no sorprende y no nos debe distraer de otra cuestión: el creer que a través de un voto se puede resolver algo de estas características, el desear someter a la población algo que la población no está en condiciones de resolver por impericia, ignorancia, etc. Lo que es lógico que sea así. Las democracias tiene sus limitaciones: la fantasía o falacia democrática de que las mayorías siempre tienen razón, o pueden determinar lo que es mejor para ciertos asuntos que involucran a sectores de la población o supuestamente al conjunto de la misma, es ingenua y peligrosa.

Por ejemplo, juguemos a pensar resultados de plebiscitos acerca de la homosexualidad, del uso de preservativo, de la baja de la edad de imputabilidad penal, si los violadores deberían o no ser castrados, etc. Los resultados serían evidentes. En otro escenario “democrático”: imaginemos un plebiscito en la Alemania del año 36 acerca de si los judíos, comunistas, gitanos, deberían ser discriminados; la posición de la “mayoría democrática” sería aplastante. Y la democracia así entendida legitima siempre. Y si bien el último ejemplo es malintencionado, lo que se acepta, no es erróneo desde el punto de vista de lo que la democracia puede producir. Hay en este modo de plantear el problema un modo de entender no solo el tema “adicciones” sino también lo que se piensa como democrático. Y también soberbia: insistir en plebiscitar esta cuestión es pretender imponer un punto de vista personal y prescindente de lo que los actores sanitarios de nuestro país ofrecen al respecto. Errores que un simple ciudadano puede darse el lujo, no un presidente.

Hay mucha gente seria, pues, trabajando silenciosamente en esto. Tal vez el presidente debería visitar el Portal Amarillo. No contaría con ese impacto mediático, es verdad, que tiene en el horario central de la televisión, pero sería un modo de respaldar la tarea de profesionales y funcionarios que lidian con esto día a día genuinamente. Además, podrá hallar asesoramiento, lo que es notorio que necesita para superar los preconceptos que la ignorancia engorda.

Por otro lado, esta cuestión de los “televalores” va muy bien con la programación del canal. El Sr. Marcelo Tinelli, e incluso el Sr. Ricardo Fort, parecen que apoyarían esta nueva “cruzada” que la empresa ha decidido transitar. Un gran gesto, sin duda, Sr. Presidente, que afianza los valores democráticos y los otros, esa nueva categoría denominada “televalores”. Todo un programa.